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jueves, 3 de febrero de 2011

El dia catorce del segundo mes

Cuando ella le vendo los ojos, el pensó que se trataba de un juego. Pero ella lo hacia para que él pudiese ver a quien realmente amaba…

Lo que no pudo ser, te ancla al pasado, no te deja vivir el hoy y mucho menos el mañana. Te convierte en egoísta, y en el amor, no hay espacio para egoísmos.

Mes del amor le llaman, buena excusa para “redecorar” el comercio. Días de amor son todos y punto. Que reflejemos amor todos los días, es otra cosa. Pero después de todo, el embeleco para que se venda algo, lo disfrutamos todos. Así que, celebremos pues, conjuguemos eso corto y rojo verbo. Descorchemos alguna botella, que prefiero un vino malo acompañado que un Vega Sicilia Único únicamente la botella y yo. Algo de música romántica, la de vuestra preferencia -que romántico es un término muy amplio y subjetivo-. Comida afrodisíaca -otro termino amplio y subjetivo- de la del libro de Isabel Allende. Interesante lectura, pero en lo mas que concuerdo es que el ajo y la cebolla, no deben estar en la lista de ingredientes. De las recetas del libro, si le sirvo mariscos a mi esposa, seguro terminamos en la cama… pero en la de un hospital.

Flores, fresas y chocolate, alguna cava bien fría, no hace falta mas. Buen día para esconder los cubiertos y quedar descubiertos…  Y los niños, mándalos con la suegra, que seguro es de los pocos días que te lo va a agradecer…

sábado, 22 de enero de 2011

Fuegos Artificiales

Aquel 31 de diciembre, cuando comenzaron los fuegos artificiales, supe que ya él había llegado al cielo… Tardo su alma, algunas ocho horas en comenzar su viaje a la eternidad, luego de sucumbir a aquella enfermedad que mientras debilitaba su cuerpo, purificaba su alma…

Durante los nueve meses, los primeros, el siempre esperaba a mi esposa con aquel caldo espeso para aplacar la “mala barriga”. Estoy seguro de que de alguna forma, aquella sopa aporto más al ADN cubano de mis hijas que lo que haya podido aportar yo genéticamente.

Cocinero de domingo, aderezado con algún danzón o un mambo, Matamoros, Barbarito, Lecuona o Pérez Prado se paseaban por la casa. Olores por toda la casa. El caldero cantando sus sudores. El osterizer mezclaba algún daiquiri. Sin yerba buena, imposible el mojito…

Parte de la ceremonia era probar el caldo, solo primero, en una taza de café. Con unas gotas de limón y una pizca de comino, luego.

Mientras hervía aquel caldo de res, cientos de platanutres salían del sartén. Para picar algunos y para la sopa de plátano el resto.

Luego de blanda la carne con hueso del caldo, echar generosamente tostados platanutres homemade al caldero. Dejar el tiempo suficiente para que espese, se desbarataran la mayoría, los mas gruesos sobrevivirán al hervor. Servir caliente con un pedazo de pan, para al final, mapear el plato.

Sopa de plátano, sopa para revivir. Viejo, vive tu recuerdo entre nosotros y se mantiene vivo tu amor en nuestros corazones

martes, 5 de octubre de 2010

Sancocho

“Siempre tuve la secreta impresión de que él iba ser joven hasta la eternidad. Pero parece que la eternidad llego…” Mario Benedetti en su libro La Tregua. Podría yo, tal vez, cambiar el “él” por un “yo”.

Mis amigos recién comienzan a cumplir los cincuenta. He ido dos veces a la boda del mismo amigo. Donde conversábamos de conquistas amorosas, conversamos de la visita pendiente que tenemos con el medico. La ansiedad de pedir permiso, se convierte en la ansiedad al tener que darlo. Añoramos el pasado. Y la perseguida estrella, a veces se ve más lejos…

Algunos años atrás, vivíamos la vida tan rápido como un plato a la plancha. Hoy, como guiso a fuego lento. Tomando pequeños sorbos de vez en cuando a ver como marcha la cosa. Añadiendo ingredientes de poco a poco. Dejándonos seducir lentamente por el caldo espeso. Guiso, que no hay forma de hacer poca cantidad, siempre sale mucho. Obligación sagrada el tener que compartirlo. Te hace sudar, te sana, te quita la borrachera – la del alcohol o la de la soberbia -. Nos hace disfrutar la lluvia y el clima frío.

A la ligera, te puedes quemar el gaznate. Luego de acercarla a tus labios, sopla la cuchara como a la mujer en la oreja. Nombre que hasta vulgar suena, ¡sancocho!

Carne de res con huesos, patitas de cerdo desaladas, cebolla y pimiento, hervido en mucha agua hasta tierno. Viandas todas, dejando la yuca fuera, pero incluyendo calabaza y batata por aquello de tener algo dulzón, añadidas en orden de dureza y con algunos trozos pequeños para espesar el caldo. Sal y pimienta a gusto. Un poco de arroz blanco por el lado y pique criollo. Recordando que lo que pica cuando entra, pica cuando sale. Una cervecita, no viene mal.

El sábado cumples cincuenta, escucharemos un poco de salsa gorda que tanto te gusta y algún coro le haremos a Héctor Lavoe, tu darás algunas vueltas y el sacacorchos también. Sepas tu mi amigo, que cuando te miro, donde veo los logros de tus hijos, veo tus sacrificios. Un abrazo.

domingo, 11 de julio de 2010

Sopa de Aniversario

De un sacerdote cubano, a quien quiero mucho, aprendí que hay aniversarios que requieren de un examen de conciencia o de una reflexión.

En estos próximos días, se cumple el primer aniversario de haberme embarcado en esta aventura de tener este blog. Varios amigos me habían sugerido que escribiera, jamás había pasado por mi mente tal propuesta, pero hoy siento que no puedo dejar de escribir. Originalmente se me ocurrió ayudar a mis pares, varones, a que se atrevieran a pisar las cocinas. Jamás osaría en lograrlo plenamente, tengo varios amigos que para verlos en una cocina seria solamente en una película de ciencia ficción… Intente primero, tratando de convencerlos de que la cocina puede – y lo es – ser un arma de seducción no ha sido tarea fácil. Sin embargo, mis amigas mujeres, hábiles al fin, leen cualquier cosa para poder descifrar las intenciones del enemigo. Solo espero no haberles provocado con mis escritos un, excusable solamente para ellas, “dolor de cabeza” que evite la culminación de una romántica cena.

Por escribir de lo vivido, he pasado este año como si fuera limpiando la alcachofa de mi vida. Muchos son los recuerdos que he desempolvado. Disimuladas confesiones, disculpas, algunos te quiero y alguna que otra poca vergüenza han pasado por estas paginas. Los protagonistas de esas historias saben a que me refiero.

La música forma parte importante de este embeleco, dicho finamente, de mi proceso creativo. Una vieja canción podría, por ejemplo, recordarme algún momento, algún lugar, algún sabor, algún olor particular – y no estamos hablando necesariamente de la cocina- o de alguna tentación vencida y de algunas otras sin vencer…

Este año podría llamarse algo así como la breve historia de Juan. Resumida, por supuesto. Y editadas por la parte de mi ser que se llama conciencia. Si me pagaran, tal vez, algún día cuento todo… ( amigos estén tranquilos, que los que me conocen saben que no soy ese tipo de persona).

He intentado hacerlos reír, mas sin embargo, he logrado hacerlos llorar. No se si eso sea un buen comienzo para un escritor aficionado. Lo que si creo que he logrado es, provocar emociones contando las propias. Intento escribir por lo menos una vez en la semana, pero la vida escoge el tiempo y, o me quita, o me da palabras. El teclado me la juega de vez en cuando planteándome ideas de las que no quería escribir. No me gusta herir sensibilidades, pero es difícil, sobre todo cuando intento ser sincero.

No se de que escribiré mañana o pasado, pero ojala se trate de cosas todas alegres, de reuniones de amigos, de cenas románticas, de alguna reunión familiar, de una nueva Cuba y un nuevo Puerto Rico. De ti, mi nuevo amigo/a, del día que nos conociéramos. De la barbacoa o del vino que compartimos.

De la sopa francesa de cebolla que tanto te gusta y hace tiempo que no preparo, me recuerdo ahora. Ve corre, trae los ingredientes para el caldo, cebollas, nabos, apio, ajo puerro, alas de pollo y huesos de res. Déjalos hervir con abundante agua hasta que se reduzca a la mitad. Luego, con un poco de mantequilla y de aceite de oliva moja el fondo de una olla. Añade mas cebollas cortadas en ruedas finísimas y déjalas dorar. Añade vino blanco y deja reducir hasta que evapore el alcohol, luego el caldo, salpimentar. Vierte la sopa en envases que puedan ir al horno, ponle unas rodajas de pan del día anterior sobre la sopa, cúbrelo cada uno con queso gruyère, llévalo al horno caliente para gratinar. Sírvete una copa del vino blanco y disfruta.

Plato que no es para solitarios. Espero, que no solo de los sudores provocados por la sopa, disfrutes… Volvemos al principio.